El
Misterio de la Señora Morris
de
Juliana Guerezta
La
obra transcurre en una pequeña habitación de forma rara. Las dos
mujeres tienen aspecto exótico, no tienen pelo, en su lugar un
ornamento caracteriza a cada una. Tienen los rostros maquillados
con formas psicodélica. Toda la obra mantiene un toque psicodélico.
Cuando empieza la obra, Morris está algo nerviosa, camina de un
lado a otro de la habitación, se refriega las manos colmadas de
anillos, suspira, mira a Philip y comienza a hablarle como si
le estuviera contando un cuento. Ambas son extravagantes.
Morris:
Pensar un agujero en el tiempo es lo mismo que imaginar al camino
del que intento hablar. Porque hablar de un camino supone contar
una distancia, evadir uno a uno los simulacros y las apariencias,
superar el abismo y lanzarse en la narración de un acontecimiento.
Este acontecimiento sucedió allá por el año mil novecientos noventa
y pico, cuando la noche me encontró en la montaña y me devolvió
la esperanza en la naturaleza. Porque el ser humano se la pasa
buscando revelaciones, ha inventado la filosofía y el arte, para
seguir pensando respuestas, ninguna cierta, ninguna comprobable,
solo la búsqueda eterna de la verdad.
Philip:
¿De qué verdad me habla señora Morris?, Está usted caminando de
un lado a otro, frotándose las manos, ¿qué oculta?.
Morris:
Oculto lo negro de la negreidad, la verdad que se manifiesta en
el espíritu luego de que éste ha recorrido el terraplén de la
existencia. Alcánzame esa botella, tiene algo de whisky todavía,
sírveme con hielo un vaso, debo beber un poco ya que tengo frío,
siento que esta noche marcharé hacia el abismo por anteúltima
vez, y temo ser descubierta en mis aventuras. Eres la única que
compartirá mi secreto, y la última en verme reír.
Philip:
Señora Morris, había prometido acompañarme al museo de bellas
artes esta tarde, habíamos quedado en que compraría esa obra tan
bella que contemplamos el sábado pasado y la pondríamos sobre
la chimenea de la sala para cuando vengan sus amigas como todos
los viernes de luna llena.
Morris:
Suspirando suplico que te calmes, ya he hablado al museo y mañana
traerán la obra para la sala, veré a mis amigas de todas formas,
eres tú la única que dejará de verme. Mire por la ventana, ¿qué
ve?.
Philip:
La luna que esta llenándose, una nube, dos pájaros negros, y estrellas.
Morris:
¿Nada más?
Philip:
No.
Morris:
¿Ve el vidrio de la ventana?
Philip:
Sí
Morris:
Obsérvese.
Philip:
Veo mi rostro, y tras él una luz.
Morris:
No se de vuelta por favor y prosiga relatando lo que ve.
Philip:
Veo una luz violeta, media pálida, como rosadita y celeste, y
veo un camino amarillo, un camino que se extiende hacia adentro
de una cabeza calva, y una mano que quita una peluca y una sonrisa
que se eleva por el rostro y veo una mujer hermosa que sonríe
y poco a poco va quitándose la ropa hasta que es solo una desnudez
perfecta de piel suave y ella está tocándose ahora la cara y el
cuerpo.
Morris:
Cierra los ojos ahora. Ábralos. Vuelva a mirar, ¿qué ve?.
Philip:
Veo a la luna vislumbrada en la penumbra, una ceremonia de embriones
que comulgan, ausencia decapitando el bosque, y arrugas en la
espalda de una anciana que se desviste.
Morris:
¿Qué oye?.
Philip:
Oigo al río que chilla tras la espalda y se reanuda en el sonido
de una guitarra y oigo el murmullo de hombres que están reunidos
mirando hacia el bosque.
Morris:
¿Qué ven?
Philip:
Ven animales que huyen desesperados, ven a los álamos que arden
y a los pájaros que vuelan en semicírculos de fuego y caen convertidos
en ceniza. Ya no quiero seguir contemplando el vidrio señora Morris.
Morris: Está bien, míreme ahora. ¿qué ve?
Philip:
La veo a usted.
Morris: ¿ha notado algún cambio ?
Philip:
Ninguno.
Morris:
Señora Philip, ¿cree usted que yo puedo creerle?.
Philip:
Sí.
Morris: Esta noche habrá visto por última vez el sol y el fuego
y el agua y el hombre.
Philip:
Pero si solo he contemplado el vidrio, no he visto ni fuego ni
agua ni hombres, ¿cómo puede decirme semejante cosa?.
Morris:
Es muy simple, has podido ver en un vidrio una escena que sucedió
hace años en mi vida, fue el instante en que comprendí como el
ser humano era capaz de arriesgar todo con tal de no convertirse
en polvo, por más que sepa el motivo de mi desgracia, la depresión
me hunde en la miseria y ya no puedo seguir aquí.
Philip:
¿y adónde irá señora Morris?, ¿Va a abandonarme quizás?,
recuerde que estuve a su lado todos estos años y que he postergado
gran parte de mi juventud para acompañarla en sus viajes por el
mundo, ya no le quedan lugares para registrar, no hay tierra que
no haya pisado, cultura que no la haya acunado, usted ha visto
tanto, y me ha enseñado a ver a mi también, yo, que creía que
mi vida estaba perdida cuando quedé en la calle por culpa de aquella
hipoteca y usted con su espíritu caritativo me ofreció trabajo,
casa, y además, señora Morris, con tantas cosas, algo de amistad.
Morris:
No hace falta que recuerde, sé muy bien que me ha acompañado durante
los últimos años, pero es hora de poner un corte a esta relación
que a mí personalmente me ha traído muchos problemas, es hora
de que me veas partir.
Philip:
No señora no diga eso, no se a que se refiere cuando dice que
tuvo problemas por mi presencia, le recuerdo que nunca me dejó
partir, cuando conocí a Leonard, y estuve a punto de casarme,
usted me pidió que me quedara, que no la abandone, pues temía
enloquecer y yo me quedé, porque después de todo usted me había
ayudado de alguna manera y no era justo que por un hombre yo la
abandone así como así, le pedí a Leonard que me espere pero éste
se cansó y un buen día ya no volvió por mí nunca más. Y eso que
yo lo esperé, lo esperé tanto, todas las tardes, pero usted me
dijo tantas lindas cosas que apenas me duró unos días el mal de
amor y desde ese momento decidí que no habría más compromisos
amorosos en mi vida, por lo menos hasta que usted no esté del
todo bien. Por esto no entiendo sus palabras.
Morris:
Señora Philip, veo que tiene memoria, es cierto que Leonard la
abandonó pero usted lo permitió, pues nunca estuvo impedida de
abandonarme, ahora bien, siempre fui yo la que tuvo miedo de quedar
sola, y como usted sabe, yo con los hombres nunca me entendí,
luego de aquella relación tortuosa he quedado pendiente del amor
y he apostado la vida a remediarlo, estaba a punto de perder la
cordura, las ganas de vivir, hasta que la vi y conversamos aquella
tarde en el parque después de que usted saliera del consultorio
de mi mismo médico, fue aquella lluviosa tarde de invierno cuando
usted me contó su pena, estaba vestida de rojo, tenía unos zapatos
muy bonitos y un paraguas finísmo, estaba peinada con el cabello
recogido y su sonrisa delataba paz interior aún en el peor de
los males. No pude dejar de pensar en usted señora Philip, por
eso, la llamé por la noche para ofrecerle que sea mi compañía
y que se quede a vivir en esta casa tan grande y le ofrecí el
cuarto con el ventanal hacia el árbol. Pero nunca me animé a revertir
la situación de ama, hoy reconozco que he arruinado su vida y
le he quitado la posibilidad de ser feliz, de formar una familia.
Philip:
No diga eso señora Morris, he sido tan feliz con usted, en esta
casa, todos estos años he aprendido más de lo que podría haber
pensado que me iba a dar la cabeza para aprender y todo gracias
a usted, he ido a conciertos, a exposiciones, he conocido artistas,
le he dado la mano a grandes maestros del arte y de la literatura,
me ha permitido entrar en su mundo, conocer a sus amigas, disfrutar
de sus charlas, reírme de sus chistes, no señora, usted es quién
me ha salvado de caer en la ignorancia, y en cuanto a los hombres,
le cuento un secreto, nunca he prescindido de ellos, siempre tuve
amantes, a escondidas por supuesto, pero basta con esas fortuitas
relaciones para estar calma, y disfrutar de la compañía de una
mujer como usted.
Morris: ¿Qué me dice de los hijos, señora Philip, no ha tenido
deseos de tenerlos?.
Philip:
Realmente no, esto lo he pensado también y creo que no he tenido
deseos de tenerlos, además, no quiso la naturaleza que así sea.
Morris:
Bien, basta de rodeos, míreme, es hora de que hable o pasará el
tiempo y quedaremos atrapadas en el silencio. Observe los árboles
afuera, parece que una tormenta terrible va a azotar esta parte
de la tierra pero nosotras no nos mojaremos porque estamos protegidas
aquí adentro. Encienda el fuego señora Philip y tráigame la manta,
echémonos aquí y saquémonos los zapatos. Ahora bien, ¿ recuerda
cuando en el año mil novecientos noventa y pico, fuimos de paseo
a Catamarca?, en ese viaje, una noche miraba yo el cielo y vi,
algo que jamás olvidaré, una luz inmensa que se abrió ante mí,
yo estaba sentada en el suelo, junto a unas piedras, frente al
río, y decidí subir por esa luz, dejé mi cuerpo como si fuera
mi ropa y subí en ese remolino de luz y toda una música de violines
me condujo hasta un lugar donde la mismísima energía suprema me
abarazó y me dijo que pronto me llamaría para acompañarla. Por
eso debes escucharme esta noche, ya que será la última en que
me verás con vida.
Philip:
Señora Morris, no diga semejantes cosas, por favor no me asuste
con esos ojos tan oscuros que se clavan en mi, y hacen estallar
mi corazón de pena al pensar que usted va a cometer una locura.
Morris:
Calla y deja que prosiga, pero antes sírvete un trago de esa botella
verde que está sobre la repisa, y sirve whisky para mí que todavía
queda un poco. Siempre he admirado su belleza, y con el tiempo
creo que es posible decir que tenemos algún parecido, pues los
seres humanos cuando conviven se mimetizan y comparten gestos,
miradas, pero en ti, casi me veo a mí misma, retratada. Por eso,
esta noche haremos un intercambio, engañaremos a la energía suprema,
pues esta noche era yo quien debía partir a su encuentro, pero
no puedo subir, aún me faltan muchas cosas que solucionar, el
mundo tiene problemas, el pueblo está en peligro, debo ayudar
a quienes tienen en la memoria restos de eternidad, pues la naturaleza
amenaza con que en el otoño no quedará árbol capaz de devolver
nitrógeno a los pájaros, tú misma lo has visto reflejado en el
vidrio de la sala, debes aceptar mi trato, pide a cambio lo que
quieras, mañana debo viajar al encuentro de un sabio que vive
en una montaña y le contaré todo, él será el único que conocerá
el secreto.
Philip:
No entiendo bien señora Morris.
Morris:
Creo que entiendes demasiado a estas horas, debo engañar a le
energía suprema, ella espera mi alma en el día de hoy, lo sé desde
hace tiempo, debes reemplazarme.
Philip:
¿Usted me está pidiendo que me suicide en su lugar?
Morris:
No se trata de un suicidio, se trata de un engaño a la energía,
¿o usted no cree en el espíritu?, ¿acaso ha estado engañándome
todos estos años diciendo que creía en la energía y en el espíritu
solo para conformarme?
Philip:
No señora, por supuesto que creo en el espíritu y en la energía,
pero no deseo forzar el tiempo.
Morris:
Te estoy dando la posibilidad de conocer a la energía suprema
en persona y la rechazas, no te das cuenta, que por ti misma nunca
lo lograrías, no has escrito un solo libro, no has tenido hijos,
no has pintado un cuadro ni has compuesto música, mírate, eres
perfecta y no eres nada, ¿de qué modo crees que la energía suprema
sabrá de ti?, eres uno más que tardará siglos en conocerla, salvo
que aceptes esta prueba.
Philip:
Señora, me lastiman sus palabras, quiere enviarme a las sombras,
quiere que me quite la vida, esta preciada vida, ¿para qué?, para
que usted cumpla un sueño, que no será otra cosa sino un engaño,
porque ¿ usted cree que le energía suprema es idiota?, ¿qué no
se dará cuenta de que ha sido engañada?.
Morris: Por supuesto que sí, pero será tarde, y sabrá ella recibirte
y estará orgullosa de ti por la valentía. Yo llegaré pronto, y
sabré ocupar mi puesto de mentirosa, sabré pagar la culpa en el
espacio, y mi espíritu estará para siempre teñido de sierpes,
es cierto, pero es necesario que así sea, pues de todas formas
habremos de morir.
Philip:
Sí, pero no tiene porque ser hoy , justo esta noche en que se
huelen los jazmines, justo esta noche en que había prometido dejar
de fumar.
Morris: Fúmate un cigarro y piensa, sino aceptas lo haré yo. Es
hora de tomar una decisión.
Philip:
esta bien, lo haré, no sé porque pero le creo, será por el tono
de su voz, por el semblante de sus palabras, pero lo haré, solo
le voy a pedir dos cosas, la primera es que no me entierre, le
pido que deje mi cuerpo al aire libre cuando mi espíritu haya
subido, que lo deje reposado junto a aquel árbol, para que siga
su curso natural, siempre pensé que los cementerios deberían estar
prohibidos, la segunda cosa es algo difícil de explicar pero lo
haré ya que es mi último deseo, usted dijo que yo no había hecho
nada por lo que valga la pena vivir, no tuve hijos, ni pinté cuadros,
ni escribí libros ni compuse música, ¿qué pasará con mi apellido?,
nadie seguirá mi descendencia, tampoco tengo hermanos, ni primos,
menos aún sobrinos, soy la última generación de la antigua familia
Philip, le pido que una mi apellido al suyo para permanecer en
un nombre. Es lo único que pido antes de marchar al encuentro
con la energía suprema.
Morris:
Prometo no enterrarte, prometo enlazar tu nombre al mío y mantener
intacta la memoria del futuro, cada vez que alguien me nombre
también te estará nombrando a ti, seremos una marca para la humanidad,
creo que te envidio, eres afortunada, tu espíritu me contará luego,
ahora quedémonos en silencio, escucha por última vez el silencio
y bebe este trago.
Philip:
Es hermoso lo que siento, es la hermosura, oh, que bellas estrellas,
oh, un remolino, señora Morris venga conmigo, este es el camino
del que quería hablar, ahora entiendo el restregar de sus manos,....
Morris:
Adiós señora Philip, pronto volveré a encontrarla, ahora ya no
hable, calle y disfrute del placer de morir sabiendo que no va
a ser enterrada, pues se ha ganado la muerte.
Luego
de que Morris percibe y asume la muerte de Philip, se acerca al
teléfono, y marca un número.
Morris:
Buenas noches, quisiera reservar un pasaje para Mendoza para mañana
a las tres de la tarde, a nombre de la señora Philip Morris por
favor. Gracias.
Telon.